Portada número 446
16/12/2011 - Opinió
“Cas-tallar” de los árboles
David Gallego
Conozco este pueblo desde hace 6 años y vivo en él recientemente. Sus entornos me parecen magníficos, pero de un tiempo a ésta parte he observado que en este pueblo se expande por doquier el virus de la “motosierra fácil” y desgraciadamente parece que ha venido para quedarse.
Este virus primero se instaló en Can Bages, y aprovechando unas “obras de progreso” tan rápidas como innecesarias, devoró árboles y fauna a ritmo de especulación.
Después, el virus se propagó a los árboles de la iglesia que, amparándose en la falta de seguridad de acceso de los feligreses al santo templo, la única solución fue que había que convertirlos en serrín y así se hizo. Ahora los “incómodos” y “traicioneros” árboles ya no están pero la inseguridad perdura ¿Qué se ha solucionado? ¿No sería que el objetivo era únicamente lucir la fachada? Todavía los cedros están esperando un réquiem por su muerte porque sus instigadores no tienen perdón de Diós.
El virus avanza y cada vez se hace más voraz y esta vez se ha instalado en el Torrent de Can Bages y de Colobrers debido a las obras del gasoducto. Los estragos de la motosierra son evidentes, el aspecto es desolador, cientos arboles yacen muertos, la tierra ha sido despojada de vida y el ruido de las máquinas trata de amagar tanta brutalidad. Tanto aniquilamiento tiene que tener respuesta, no podemos permanecer impasibles ante tanta destrucción. ¡Tenemos que actuar ya!
¿Se imaginan una foto aérea de Castellar después de los efectos medioambientales producidos por las obras del Cuarto Cinturón, el desdoblamiento de carreteras y la llegada del ferrocarril? El desmán puede ser insufrible. Espero que Castellar no se convierta definitivamente en “Cas-tallar” de los árboles. Estamos a tiempo de acabar con el virus.
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